CLASE N° 155: LECTURA DE LA OBRA "OJITO NEGRO Y YO" - CAPITULO 6 y 7

CLASE N° 155: LECTURA DE LA OBRA "OJITO NEGRO Y YO" - CAPITULO 6 y 7

FECHA: 07 de SETIEMBRE
CURSO: PLAN LECTOR

INICIO:

Estimados alumnos, hoy continuaremos con las clases de Plan Lector con la obra "Ojito Negro y Yo", para lo cual les brindo el capítulo VI y VII, y la tarea deberán contestarla en una hoja y guardarlas en el fólder correspondiente para Plan Lector.


DESARROLLO:

OJITO NEGRO Y YO

CAPITULO VI: UN HÉROE ANÓNIMO 

Aunque no lo crean, lo que afirmo en este
relato es realmente veraz e imborrable y no
forma parte de mi fantasía o imaginación.
Una noche nos topamos con un ángel, si
debe haber sido un ángel, pues como se explica
que un joven desconocido nos defienda, sin
esperar recompensa alguna.

Raymundo, mi papá había llegado de viaje y
en casa, andaba de día siempre corrigiéndonos; no
se dice “qué”, se dice “qué papá”, otras “siempre se
dice por favor y gracias”, algunos días se
entrevistaba con nuestros profesores y allí sí, que
“ardía Troya”, porque mis hermanos no eran tan
asiduos al estudio, en cambio yo no me podía
descuidar, pues Raymundo siempre nos recordaba
“no quiero tu libreta con feriados, quiero verlas en
azul”.

Por las noches, nos llevaba a comer unas
riquísimas pizzas a “Olcese”, la tienda italiana al
costado del cine Porteño, lugar en el que hacían
enormes colas para ver las películas de Raphael o
de Marisol. Papá a veces nos conseguía entradas
para ver el “boom” del momento y sin colas, ¡si mi
papá era un genio!, no sé como lo hacía, cuando le
preguntábamos, nos decía: “se cuenta el milagro,
pero no el santo” y nos dejaba boquiabiertos. 

Algunas tardes íbamos a comprar algún
buen libro a la librería Adeli, el “fortín de la cultura
porteña”, que aún sigue funcionando en Sáenz
Peña; del amigo y chalaco Ernesto Concha Boy, el
“Mecenas” del Callao por su desprendimiento hacia
los demás, de quien aprendimos a querer a los
equipos porteños; el Sport Boys y el Atlético
Chalaco. Gracias a la difusión que él hacía por
radio Callao, aprendimos a celebrar el 20 de agosto
como el día del Callao y el 22 de abril el día que fue
elevado a Provincia Constitucional. También
sentíamos orgullo celebrando el Combate del Dos
de Mayo, al escuchar sus comentarios.

Eran épocas en que se podía pasear de
noche sin sobresalto. Ese día sin embargo,
aproximadamente a las siete de la noche,
paseábamos con toda la familia por el parque
Bolognesi, de pronto, fuimos sorprendidos y
rodeados por una gavilla de delincuentes; cerca de
cincuenta maleantes de todos los tamaños y de
todos los colores, nos acorralaron, atacaban e
intentaban robar sin consideración alguna.
Papá, a pesar de tener reflejos rápidos y
buenas estrategias de defensa personal porque
era militar, nada podía hacer, pues el número lo
superaba. Mamá, sólo podía defenderse
golpeando con su cartera y de poco apoyo le servía
a papá, pues además de defenderse él trataba de
protegerla.

De manera inesperada, un enigmático
joven; vestido con pantalón y camisa crema, de
estatura mediana, pelo rubio oscuro, delgado, de
facciones finas y muy pulcro. Sin mediar palabra
alguna, comenzó a defendernos con una agilidad
inusual; a base de patadas voladoras, llaves,
puñetes, puntapiés, tackles… era tan ligero y ágil;
que parecía volar en el aire.

Nunca había visto nada parecido, ni en el
cachascán el lugar preferido de papá, al que
siempre nos llevaba. No nos dimos cuenta; de
dónde apareció ese misterioso joven.
Ambos se defendían, mientras nosotros
intentábamos apoyar en algo; de pronto, después
de aliviarnos un poco, el joven corrió por el jirón
Puno, y fue perseguido por todos estos maleantes.
Detrás del joven, corrió en su auxilio Raymundo, y
nosotros detrás de papá.

Lo curioso fue, que al preguntar a los vecinos
o tiendas cercanas, si los habían visto pasar; nadie
los había observado.
No obstante, papá los buscó toda la noche,
dio parte a la guardia civil (la policía de ese
entonces), recorrió todos los lugares posibles
donde se hubieran podido esconder. Nunca los
pudo encontrar, ellos se hicieron humo, como por
arte de magia el misterioso joven y ese grupo de
malhechores; habían desaparecido de manera
increíble.

Estuvimos atentos a todos los noticieros de la
noche. Al día siguiente mi padre compró todos los
diarios, para saber si alguna persona había sufrido
la violencia de estos delincuentes; para así, poder
auxiliarlo y sobre todo agradecerle su solidaridad,
pero tampoco hubo alguna noticia sobre ellos.
Aún recuerdo, los momentos de tensión
vividos en ese momento, y no nos explicamos la
aparición y desaparición tan oportuna de este
valeroso joven. Pero creo que Dios con su infinita
sabiduría y poder, permitió que un ángel nos
defienda y preserve. 

Y si no fue así, si ese joven era de carne y
hueso; un transeúnte que al ver que nos atacaban,
quiso socorrernos. Para nosotros siempre será:
¡¡nuestro ángel!, la persona humanitaria y
bondadosa que sin conocernos, e incluso
arriesgando su vida, nos defendió y auxilio; a la
que le estaremos eternamente agradecidos.
¡Qué lindo sería el mundo, si las personas
actuasen así! Ayudar sin esperar nada a cambio;
habría menos dolor, más alegría, más humanidad.

En el mundo siempre habrá ángeles y
demonios, personas que causan daño y otras que
mitigan tus penas. Todo depende de lo que
aspiramos a ser nosotros, que huella deseamos
dejar para trascender como personas útiles a la
sociedad. El que hizo mal o el que obró bien, el
que causó daño o el que sembró amor, el que hizo
amistades o el que se deshizo de ellas; tu actuar
son tus huellas. Y como dice Machado:

“(…) Todo pasa y todo queda
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar…
Caminante no hay camino
se hace camino al andar…”.



CAPITULO VII: ¡QUE CARNAVALES!

Los carnavales en el Callao de los 70 eran
festivos y alegres, se jugaba todos los
domingos. Semana a semana había que
preparar nuevas técnicas de combate. Los globos
de agua eran la más moderna, poderosa y
eficiente arma que jamás se había inventado.

Jugabamos con agua, talco, pica pica,
serpentina, betún, pintura, harina… lo que
encontrábamos a mano. Hombres contra mujeres,
chicos contra grandes, familias contra familias,
barrios contra barrios, todos contra todos. ¡Qué
emocionante! ¡Cuánta alegría!

Y nosotros en medio de la guerra. Esos
momentos de felicidad y alegría nos hace recordar
el pensamiento de Marco Aurelio:
“La alegría se encuentra en el fondo de todas las
cosas, pero a cada uno le corresponde extraerlas”.
 El último domingo de febrero, después de
haber jugado con agua toda la mañana. Por la
tarde, se organizaba el entierro del “Ño
Carnavalón”. Seguidos de todo el barrio que se
había congregado, los muchachos más altos
cargaban el féretro del difunto; “Ño Carnavalón”,
iba acompañado de sus viudas que eran
muchachos disfrazados de mujeres.

De casa en casa, iban dando lectura al
testamento en el que dejaba por herencia
picarescos y sarcásticos bienes a sus compadres y
autoridades; causando la risa de todos los
presentes. Después de leerse el testamento, se
procedía a quemar al “Ño Carnavalón”; entre el
"llanto" angustiado de sus viudas, quienes
exagerando sus ademanes y gestos jalaban al
muñeco hasta descuartizarlo.

Ojito Negro era la atracción de la fiesta porque
acompañando al “Ño Carnavalón” simulaba ser el
más afectado y aullaba a más no poder y cuando
veía la pelea de la viudas se tiraba al piso y
gruñendo se intentaba tapar los ojos con sus
enorme patas, despertando la carcajada general
de todos los vecinos.

Al término, casi de noche, comenzaba
nuevamente la batalla de todos contra todos,
pintando con talco, pica-pica, serpentina a todos
los vecinos.
¡Carnaval, carnaval, es el grito general!
¡Carnaval, carnaval, de alegría sin igual!
No faltaba por ahí, algún fanático del fútbol
que gritaba y cantaba: “Perú campeón, Perú
campeón, es el grito que repite la afición… ”. Y se
armaba un júbilo tremendo, mientras coreaban la
canción, porque en esos años hacía furor el fútbol,
habíamos clasificado al mundial “México 70”,
venciendo nada menos que a Chile, Bolivia y
Argentina en unos encuentros titánicos, gloriosos e
inolvidables.

Luego del partido contra Argentina, el Perú se
volcó a las calles a expresar su alegría y
entusiasmo por los brillantes jugadores, que
entregaban todo su esfuerzo y coraje con una sola
meta; el triunfo del Perú. Similar al ahínco y al
impulso que realiza Paolo Guerrero en la
actualidad, ese futbolista que es el alma y corazón
del equipo peruano.

El día que empatamos a Argentina y
clasificamos al mundial, todos los barrios nos
unimos, a manera de competencia, desfilamos en
caravanas; en carro o a pie, con tapas de ollas,
pitos, matracas, cornetas, tambores o cualquier
cosa que hiciera ruido; vitoreando y agitando las
banderas peruanas o polos blanquirrojos. De allí
viene la frase que nos legó Ferrando: “no nos
ganan… no nos ganan”.

Lo lindo del carnaval, de las festividades y la
alegría del fútbol que compartíamos era el espíritu
de vecindad y de barrio. Nuestros barrios eran bien
unidos y para esas fiestas se organizaban
bien. Crecer con ellos, con los amigos del barrio,
en el parque, en la escuela, en la casa; permitió
que nuestros padres, también se relacionaran y
fueran grandes amigos.

Por eso, es bueno hacer amistades y
cuidarlas; querer su bien, porque se quiere bien.
Aceptando a nuestros amigos como son, con sus
cualidades y defectos, comprendiendo que no hay
personas perfectas; solamente humanas.


CIERRE:

Tarea: Realiza un resumen de lo más importante que entendiste de los capítulos 6 y 7, el resumen no debe exceder de 1 página y guardar esa hoja en tu folder de Plan Lector.

Para esta sesión no habrá necesidad de colocar un comentario en el blog, PERO deberán ir leyendo estos capítulos de la obra, ya que al término de la obra se realizarán preguntas de comprensión lectora.

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